Hay experiencias que terminan cuando ocurren, pero que continúan de alguna manera dentro de nosotras. Una ruptura especialmente dolorosa, un accidente, una situación de violencia, una pérdida inesperada, un abuso o cualquier acontecimiento que haya sobrepasado nuestra capacidad para afrontarlo pueden dejar una huella psicológica.
Pero hablar de trauma psicológico no significa que toda experiencia difícil vaya a producir un trastorno. Las personas podemos reaccionar de formas muy diferentes ante un mismo acontecimiento, y sentir miedo, tristeza, enfado, confusión o incluso estar más alerta después de algo muy intenso puede formar parte de una respuesta normal al estrés.
El problema aparece cuando esa experiencia continúa interfiriendo en nuestra vida y sentimos que, aunque el acontecimiento ya haya terminado, nuestro cuerpo y nuestra mente siguen reaccionando como si todavía estuviera ocurriendo.
¿Qué es un trauma psicológico?
El trauma psicológico puede entenderse como la respuesta que aparece cuando una experiencia resulta especialmente amenazante, abrumadora o difícil de integrar. No depende únicamente de lo que haya ocurrido, sino también de cómo lo vive cada persona, de sus circunstancias y de los recursos que tenía disponibles en ese momento.
Por eso, no existe una lista cerrada de experiencias que “producen” trauma. Situaciones como accidentes, violencia, abuso, catástrofes, pérdidas o experiencias médicas graves pueden ser potencialmente traumáticas, pero también pueden existir experiencias relacionales o vitales que tengan un impacto profundo en una persona sin que otra las viva de la misma manera.
Tener una experiencia traumática tampoco significa desarrollar necesariamente un trastorno de estrés postraumático (TEPT). De hecho, después de una experiencia traumática pueden aparecer reacciones de estrés durante un tiempo y, en muchas personas, estas disminuyen progresivamente.
¿Cómo puede afectarnos un trauma?
Después de una experiencia traumática, es posible notar cambios en diferentes áreas.
Algunas personas pueden tener recuerdos o imágenes no deseadas de lo ocurrido, pesadillas o una sensación de estar reviviendo parte de la experiencia. También puede aparecer evitación: intentar no pensar en lo ocurrido, evitar determinados lugares, personas o conversaciones, o dejar de hacer actividades que puedan recordar de alguna manera a lo sucedido. En otras ocasiones predominan cambios en el estado de alerta. Podemos estar más pendientes de lo que ocurre alrededor, sobresaltarnos con facilidad, tener dificultades para dormir o sentir que nuestro cuerpo está permanentemente preparado para detectar peligro. Además, pueden aparecer emociones como miedo, culpa, vergüenza, tristeza o enfado, así como cambios en la forma en la que interpretamos lo ocurrido, a nosotras mismas o al mundo. En algunas personas también pueden aparecer dificultades de concentración o sensación de desconexión.
Estas reacciones no significan automáticamente que exista un TEPT. Para hablar de un trastorno es necesario valorar la intensidad, la duración y el impacto que estos síntomas están teniendo en la vida de la persona.
¿Por qué algunas personas desarrollan un trauma y otras no?
No existe una única explicación. La respuesta posterior a un acontecimiento traumático depende de muchos factores: las características de la experiencia, la historia previa, otras situaciones de estrés, el apoyo social disponible y la forma en la que la persona puede procesar e interpretar lo ocurrido. La investigación muestra que el trauma psicológico puede relacionarse con diferentes problemas de salud mental, pero también existe una gran variabilidad entre personas. Haber vivido una experiencia traumática no permite predecir por sí solo cómo evolucionará una persona.
Por eso es importante evitar dos extremos: pensar que una experiencia traumática no debería afectarnos o asumir que, por haberla vivido, necesariamente vamos a desarrollar un trastorno.
Trauma psicológico no es lo mismo que TEPT
A veces utilizamos “tener un trauma” y “tener estrés postraumático” como si fueran exactamente lo mismo, pero no lo son.
El trastorno de estrés postraumático es un diagnóstico clínico que puede aparecer después de una experiencia traumática y que implica un conjunto de síntomas persistentes, como recuerdos intrusivos, evitación, alteraciones emocionales y cognitivas y un estado de alerta aumentado, entre otros.
Esto significa que una persona puede haber vivido una experiencia traumática y no tener TEPT. También puede necesitar ayuda psicológica aunque no cumpla todos los criterios de este trastorno, especialmente si lo ocurrido sigue condicionando sus relaciones, su autoestima, su sensación de seguridad o su día a día.
¿Se puede superar un trauma psicológico?
Sí. Y superar una experiencia traumática no significa olvidar lo ocurrido ni conseguir que nunca vuelva a aparecer ningún recuerdo.
En terapia, el objetivo suele ser que aquello que ocurrió pueda ocupar un lugar diferente en nuestra historia. Que podamos recordarlo sin sentir que estamos volviendo a vivirlo, recuperar actividades que habíamos dejado de hacer, reducir la evitación y comprender algunas de las emociones y significados que quedaron asociados a la experiencia.
Cuando existe un TEPT o síntomas postraumáticos clínicamente significativos, las guías clínicas recomiendan intervenciones psicológicas centradas en el trauma, entre ellas diferentes formas de terapia cognitivo-conductual focalizada en trauma y EMDR. Estas intervenciones trabajan aspectos como los recuerdos traumáticos, las emociones y significados asociados, la evitación y la recuperación del funcionamiento cotidiano.
La investigación también indica que trabajar directamente con el trauma no implica necesariamente que los síntomas tengan que empeorar durante el tratamiento. Una revisión y metaanálisis publicada en 2024 no encontró evidencia de un empeoramiento de los síntomas de TEPT a mitad de los tratamientos centrados en el trauma frente a las condiciones de comparación.
Aun así, cada proceso necesita adaptarse a la persona. No se trata de obligarnos a contar todo de golpe ni de enfrentarnos a los recuerdos sin preparación. El ritmo, la seguridad y los objetivos terapéuticos forman parte del propio tratamiento.
Pedir ayuda también puede formar parte del proceso
A veces pensamos que deberíamos haberlo superado ya porque ha pasado tiempo, porque otras personas parecen estar bien o porque sentimos que “lo ocurrido ya pertenece al pasado”. Pero que una experiencia haya terminado no significa que sus efectos tengan que desaparecer automáticamente.
Si notas que algo que ocurrió sigue condicionando tu forma de relacionarte, tu sensación de seguridad, tus emociones, tus decisiones o tu manera de verte a ti misma, puede ser útil trabajar sobre ello en terapia. No necesitas tener un diagnóstico de TEPT para pedir ayuda. A veces el primer paso consiste simplemente en poder entender qué te está pasando y qué lugar sigue ocupando aquella experiencia en tu vida.
En Psicología Benlliure podemos trabajar estas experiencias desde una mirada integradora, adaptando el proceso a las necesidades de cada paciente y buscando que poco a poco puedas recuperar espacios de tu vida que quizá se habían quedado condicionados por lo ocurrido.
Referencias científicas
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