Cuando alguien que queremos pierde a una persona importante, es normal que queramos ayudar. Queremos encontrar las palabras adecuadas, hacer algo que pueda aliviar su dolor o conseguir que, poco a poco, vuelva a sentirse como antes. Sin embargo, cuando nos encontramos delante de alguien que está atravesando un duelo, es frecuente que aparezcan muchas dudas: ¿le pregunto cómo está o es mejor dejarle espacio?, ¿debería intentar distraerle?, ¿es bueno hablar de la persona que ha fallecido o será mejor evitar el tema?, ¿qué puedo decir sin hacerle sentir todavía peor?
Acompañar a alguien durante un duelo no consiste en encontrar las palabras perfectas ni en conseguir que deje de estar triste. Muchas veces consiste en algo mucho más sencillo y, a la vez, más difícil: estar presente sin intentar quitarle el dolor.
¿Qué es el duelo?
El duelo es el proceso psicológico que puede aparecer después de una pérdida significativa. Aunque solemos asociarlo principalmente con la muerte de una persona querida, también podemos experimentar procesos de duelo ante otras pérdidas importantes, como una ruptura, determinados cambios vitales, la pérdida de capacidades, de un proyecto o de una situación que tenía un significado especial para nosotras.
En este artículo nos centraremos especialmente en el duelo asociado a la muerte de una persona cercana.
El duelo puede afectar a diferentes áreas de nuestra vida. Podemos experimentar tristeza, rabia, culpa, ansiedad, sensación de vacío, dificultades para concentrarnos, cambios en el sueño o en el apetito, necesidad de estar solas o, incluso, momentos en los que aparentemente nos sentimos bien. Además, estas experiencias pueden cambiar de un día para otro. Por eso, no existe una única forma correcta de estar de duelo.
A veces escuchamos hablar de las conocidas “fases del duelo”, pero es importante no entenderlas como un recorrido obligatorio por el que todas las personas tienen que pasar en un determinado orden. El duelo no es una escalera que vamos bajando paso a paso hasta llegar a la aceptación. Podemos tener días en los que nos sintamos algo mejor y otros en los que una canción, una fotografía, una fecha o un lugar hagan que el dolor vuelva con mucha intensidad; y aún así eso no significa necesariamente que estemos retrocediendo.
Cada persona construye su propio proceso de adaptación a la pérdida, y ese proceso está influido por muchos factores, como la relación que tenía con la persona fallecida, las circunstancias de la pérdida, su historia personal, sus recursos y el apoyo que encuentra en su entorno. Si sientes que este proceso se está haciendo especialmente difícil de sostener, trabajar el duelo en terapia puede ayudarte a comprender lo que estás viviendo y encontrar una manera de transitarlo sin tener que hacerlo sola
¿Cómo puedo ayudar a alguien que está pasando por un duelo?
Quizá esta sea la pregunta más importante, y la respuesta no es conseguir que esa persona deje de estar triste.
Cuando alguien que queremos está sufriendo, es muy humano intentar solucionar aquello que le ocurre. Sin embargo, el duelo no es un problema que podamos resolver con una frase adecuada o con el consejo perfecto. El objetivo de acompañar a una persona en duelo no es eliminar su dolor, sino ayudarla a atravesarlo sin sentirse sola y respetando su propia manera de vivirlo.
La investigación sobre el apoyo social después de una pérdida señala que sentirse acompañado puede ser importante para el bienestar de las personas en duelo, pero también muestra que no todas las formas de apoyo son igual de útiles. La ayuda parece resultar especialmente adecuada cuando se adapta a las necesidades de la persona que la recibe.
Por eso, una de las primeras cosas que podemos hacer es escuchar sin intentar solucionar.
Cuando vemos llorar a alguien, podemos sentir una enorme necesidad de decir algo que consiga que se sienta mejor. Pero quizá no necesite que encontremos una explicación, ni que le demos un consejo, ni siquiera que le hagamos sentir mejor en ese momento. Quizá necesite hablar de lo ocurrido, llorar, contar una misma historia varias veces o simplemente sentarse en silencio junto a alguien.
En ocasiones, podemos decir sencillamente: “No sé exactamente qué decirte, pero estoy aquí contigo.” Y eso puede ser mucho más útil que intentar encontrar las palabras perfectas.
También es importante preguntar qué necesita en lugar de asumirlo. Cuando queremos ayudar, es fácil empezar a hacer aquello que creemos que la otra persona necesita: insistirle para que salga, invitarla constantemente a planes, decirle que tiene que comer o intentar que vuelva cuanto antes a su rutina. Sin embargo, cada persona vive el duelo de una manera diferente.
En lugar de decidir por ella, podemos preguntarle qué necesita en ese momento. Podemos preguntarle si prefiere que nos quedemos a su lado o necesita estar sola, si quiere hablar de lo ocurrido o prefiere hacer otra cosa, o si hay alguna tarea concreta con la que podamos ayudarla. De esta manera, seguimos estando presentes sin quitarle capacidad para decidir cómo quiere atravesar su propio proceso.
No tengas miedo de hablar de la persona que ha fallecido
A veces evitamos mencionar a la persona fallecida porque pensamos que hacerlo hará sufrir todavía más a quien está de duelo. Puede que incluso pensemos que, si conseguimos que no piense en ello, estaremos ayudándola a avanzar.
Sin embargo, evitar constantemente el tema puede transmitir, aunque no sea nuestra intención, la idea de que hablar de esa persona es algo que debemos evitar. Si conocíamos a la persona fallecida, podemos compartir un recuerdo, contar una anécdota o simplemente mencionar que nos hemos acordado de ella. Podemos decir: “Hoy me he acordado de ella”, o preguntar “¿Te apetece contarme cómo era?”. Hablar de la persona que ha fallecido no significa impedir que el duelo avance. Para muchas personas, poder recordar, hablar y mantener un vínculo significativo con quien ya no está forma parte de su proceso de adaptación a la pérdida.
Y tampoco tenemos que preocuparnos porque nuestra pregunta pueda hacer que la persona llore. Llorar no significa que hayamos hecho algo mal. Si la emoción aparece, podemos quedarnos a su lado.
A veces, ayudar significa ocuparse de las cosas pequeñas
Cuando estamos atravesando un duelo, algunas tareas cotidianas pueden requerir mucha más energía de la habitual. Hacer la compra, cocinar, responder mensajes, realizar determinadas gestiones, ordenar la casa o incluso mantener las rutinas más básicas puede convertirse temporalmente en algo muy difícil.
Por eso, una ayuda concreta puede ser mucho más útil que una «ayuda general».
Decir “si necesitas cualquier cosa, avísame” es una forma cariñosa de mostrar disponibilidad, pero también deja en la persona que está sufriendo la responsabilidad de pedir ayuda. En cambio, podemos ofrecer algo específico: hacer la compra, preparar comida, acompañarla a una gestión o encargarnos de alguna tarea durante unos días.
No se trata de hacer todo por ella, sino de facilitarle aquellas cosas que puedan resultar especialmente difíciles mientras está atravesando un momento de tanta exigencia emocional.
Respeta su ritmo
Otra de las formas más importantes de acompañar es respetar el ritmo de la persona.
Una persona puede querer volver a trabajar relativamente pronto, mientras que otra puede necesitar más tiempo. Una puede querer salir con sus amigas y otra puede preferir pasar unos días tranquila. Puede reírse un día y llorar al siguiente. Puede parecer que está mejor y, después, atravesar una semana especialmente difícil.
No existe un calendario universal para el duelo.
Por eso, intentar acelerar el proceso porque creemos que “ya debería estar mejor” puede añadir una presión innecesaria. En lugar de preguntar “¿todavía sigues así?”, podemos preguntar “¿cómo estás llevando estos días?”. Parece un cambio pequeño, pero transmite algo muy diferente: no estamos evaluando si su duelo está avanzando suficientemente rápido, sino mostrando interés por cómo lo está viviendo.
Recuerda las fechas importantes
A medida que pasa el tiempo, es habitual que el entorno vuelva poco a poco a su rutina. Sin embargo, para la persona que está de duelo pueden seguir siendo especialmente significativos determinados días, como aniversarios, cumpleaños, Navidad, vacaciones o acontecimientos que antes compartía con la persona fallecida.
Por eso, no tenemos que esperar a que pase mucho tiempo para seguir preguntando cómo está. A veces, meses después, un sencillo “sé que hoy puede ser un día difícil y estoy pensando en ti” puede significar mucho.
El acompañamiento no termina necesariamente cuando dejamos de hablar de la pérdida todos los días. En ocasiones, una de las cosas que más puede ayudar es comprobar que las personas importantes de nuestro entorno siguen recordando y siguen estando disponibles incluso cuando ha pasado el tiempo.
¿Qué podemos decir y qué es mejor evitar?
Cuando alguien está sufriendo, muchas de las frases que utilizamos nacen de una buena intención. Queremos transmitir esperanza, ayudarle a encontrar un sentido o conseguir que vea que las cosas mejorarán.
Sin embargo, frases como “tienes que ser fuerte”, “ya ha pasado tiempo”, “todo pasa por algo”, “al menos ya no está sufriendo” o “sé cómo te sientes” pueden hacer que la persona sienta que debería estar gestionando la situación de otra manera.
No significa que estas frases sean siempre malintencionadas, sino que no necesitamos encontrar una explicación para el dolor de la otra persona.
En lugar de decirle que tiene que ser fuerte, podemos transmitirle que no tiene que poder con todo ahora mismo. En lugar de afirmar que sabemos exactamente cómo se siente, podemos reconocer que no podemos conocer por completo su experiencia, pero que queremos acompañarla. Y, en lugar de intentar encontrar un significado positivo a la pérdida, podemos simplemente reconocer lo dolorosa que está siendo.
A veces, decir “siento mucho que estés pasando por esto” es suficiente.
¿Debemos intentar distraer a una persona en duelo?
La respuesta depende mucho de la persona y del momento.
Distraerse, realizar una actividad agradable o compartir un rato sin hablar de la pérdida no significa necesariamente que estemos evitando el duelo. Poder tener momentos de descanso, conexión, humor o disfrute también puede formar parte de la adaptación a una pérdida.
La diferencia está en que no necesitamos convertir la distracción en una obligación. No se trata de decir “vamos a hacer algo para que no pienses en ello”, sino de poder ofrecer una alternativa si la persona la desea: dar un paseo, ver una película, cocinar juntas o simplemente pasar un rato acompañadas.
No estamos intentando eliminar la emoción; estamos ofreciendo un espacio en el que también pueda descansar de ella.
¿Y si parece que ya está bien?
Esta es una de las situaciones que más pueden confundirnos.
Quizá han pasado unas semanas y la persona vuelve a trabajar, queda con sus amigas, se ríe o empieza a hacer planes. Podemos pensar que ya ha superado el duelo o que está mucho mejor, pero una persona puede continuar experimentando dolor mientras recupera poco a poco diferentes áreas de su vida.
Reírse no significa que haya dejado de echar de menos.
Salir no significa que no esté triste, disfrutar de algo no significa que haya olvidado a la persona, y volver a la rutina no significa que el duelo haya terminado. El duelo puede convivir con momentos agradables. De hecho, recuperar poco a poco espacios de conexión, disfrute y actividad puede formar parte de una adaptación saludable a la pérdida.
Por eso, no necesitamos estar constantemente comprobando si la persona “ya está mejor”. Podemos seguir estando disponibles, respetando que quizá algunos días necesite hablar y otros simplemente quiera continuar con su vida.
Y recuerda algo importante: tú tampoco tienes que hacerlo perfecto
Acompañar a alguien en duelo también puede ser difícil. Puedes sentir impotencia, miedo a decir algo incorrecto, tristeza o incluso cansancio. Puedes no saber qué hacer o tener la sensación de que nada de lo que haces es suficiente, y eso no significa que estés acompañando mal. No necesitas convertirte en su terapeuta, estar disponible las veinticuatro horas ni conseguir que deje de sufrir. Tu papel no es quitarle el dolor, sino estar disponible, escuchar, respetar su ritmo, ofrecer ayuda concreta y recordarle que no tiene que atravesarlo todo en soledad.
Y también es importante cuidar de ti. Acompañar a alguien que está sufriendo puede movilizar nuestras propias emociones y consumir mucha energía. Poner límites, descansar y apoyarte en otras personas no significa que te importe menos. Significa que para poder acompañar, tú también necesitas tener un lugar donde descansar.
Entonces, ¿cómo puedo ayudar a alguien que está pasando por un duelo?
Quizá podamos resumirlo de una manera muy sencilla: no necesitas saber exactamente qué hacer para poder estar.
Puedes escuchar sin intentar solucionar, preguntar qué necesita en lugar de asumirlo, hablar de la persona que ha fallecido si quiere hacerlo, ofrecer ayuda concreta y respetar su ritmo. Puedes recordar las fechas importantes, seguir preguntando cómo está cuando haya pasado el tiempo y, sobre todo, evitar convertir su duelo en algo que tenga que superar cuanto antes.
Porque acompañar un duelo no consiste en encontrar las palabras capaces de hacer desaparecer el dolor, sino poder demostrarle a la otra persona que no tiene por qué atravesarlo sola.
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