Cuando buscamos una psicóloga, es bastante habitual encontrarnos con palabras como terapia cognitivo-conductual, terapia humanista, terapia sistémica o terapia psicodinámica. Y es normal preguntarse: ¿qué significa todo esto?, ¿en qué se diferencian?, ¿cuál es la mejor terapia para mí?
Las orientaciones terapéuticas son diferentes maneras de trabajar nuestras dificultades psicológicas y, por tanto, entender cómo se construyen y se mantienen. Algunas ponen más énfasis en nuestros pensamientos y conductas, otras en nuestras emociones, nuestras relaciones, nuestra historia personal o la forma en la que nos relacionamos con nosotras mismas.
Sin embargo, conocer las diferentes orientaciones no significa que tengamos que elegir nosotras mismas qué terapia necesitamos. Una buena evaluación inicial permite valorar qué está ocurriendo y qué herramientas pueden ser más útiles para cada persona. Además, muchas profesionales integran recursos procedentes de diferentes modelos en función de las necesidades de cada paciente.
Terapia cognitivo-conductual (TCC)
La terapia cognitivo-conductual parte de la relación entre pensamientos, emociones y conductas. Cuando interpretamos una situación de una determinada manera, esto influye en cómo nos sentimos y en lo que hacemos después.
Por eso, la TCC trabaja identificando patrones que pueden estar manteniendo el malestar y aprendiendo formas diferentes de responder. Puede incluir herramientas como exposición, activación conductual, reestructuración cognitiva, entrenamiento en habilidades o experimentos conductuales.
Es una de las orientaciones psicológicas con mayor respaldo científico para numerosos problemas, entre ellos diferentes trastornos de ansiedad, depresión y otros problemas emocionales. Esto no significa que sea la única terapia eficaz ni que todas las personas necesiten exactamente las mismas técnicas.
Terapia humanista
Las terapias humanistas ponen el foco en la experiencia de la persona, su mundo interno, sus necesidades y su capacidad para desarrollarse.
Dentro de este enfoque encontramos, por ejemplo, la terapia centrada en la persona de Carl Rogers, que concede una especial importancia a la relación terapéutica, la empatía y la autenticidad de la terapeuta.
Puede ser especialmente interesante cuando queremos comprender mejor quiénes somos, qué necesitamos, qué estamos haciendo con nuestra vida o qué distancia existe entre la persona que somos y la persona que sentimos que deberíamos ser.
Terapia psicodinámica
La terapia psicodinámica presta especial atención a cómo nuestra historia personal, nuestras experiencias tempranas y nuestros vínculos pueden influir en la manera en la que pensamos, sentimos y nos relacionamos actualmente.
El objetivo no es simplemente hablar del pasado, sino comprender cómo determinados patrones pueden seguir apareciendo en el presente. Esto puede ayudar a reconocer conflictos, necesidades o formas de relacionarnos que hasta entonces podían resultar difíciles de entender.
La evidencia actual también respalda la terapia psicodinámica para diferentes problemas psicológicos, por lo que no debería considerarse simplemente una alternativa “menos científica” frente a otras orientaciones.
Terapia sistémica
La terapia sistémica amplía la mirada y entiende a la persona dentro de los sistemas y relaciones de los que forma parte: pareja, familia, amistades o incluso determinados contextos laborales.
En lugar de preguntarnos únicamente “¿qué le ocurre a esta persona?”, podemos preguntarnos también “¿qué está ocurriendo entre estas personas?”. Por eso es una orientación especialmente utilizada en terapia de pareja y familiar, aunque sus principios también pueden incorporarse al trabajo individual.
Terapia integradora
La terapia integradora parte de una idea sencilla: no todas las personas necesitan exactamente lo mismo para avanzar en terapia.
En lugar de trabajar desde un único modelo de manera rígida, la psicóloga integra conocimientos, herramientas y perspectivas de diferentes orientaciones psicológicas, siempre teniendo en cuenta las necesidades de cada paciente y los objetivos que se hayan establecido.
Por ejemplo, podemos utilizar herramientas de la terapia cognitivo-conductual para trabajar determinados pensamientos o conductas, incorporar una mirada humanista para comprender mejor las necesidades y la experiencia de la persona, trabajar desde la perspectiva sistémica cuando los vínculos tienen un papel importante o recurrir a herramientas de otros modelos cuando resulten adecuadas para el proceso.
Integrar no significa utilizar un poco de todo sin una dirección. Significa elegir qué puede ser útil para cada persona y por qué, manteniendo una comprensión coherente del caso y unos objetivos terapéuticos claros.
En Psicología Benlliure trabajamos desde este enfoque integrador, con una base principalmente cognitivo-conductual y una mirada humanista. Para nosotras, cada proceso terapéutico es diferente y necesita adaptarse a la persona que tenemos delante, sin perder de vista hacia dónde queremos dirigir el trabajo.
Entonces, ¿cuál es la mejor orientación terapéutica?
No existe una única orientación que sea la mejor para todo el mundo. Lo importante es que el tratamiento tenga un objetivo claro, utilice herramientas adecuadas para las dificultades que se están trabajando y pueda adaptarse a las características y necesidades de cada paciente.
También importa algo que a veces queda fuera cuando hablamos de “tipos de terapia”: la relación que se construye entre paciente y terapeuta. Sentir que podemos hablar con libertad, que nos entienden y que estamos trabajando en una dirección compartida forma parte importante del proceso terapéutico. La investigación señala que la alianza terapéutica y otros factores comunes tienen un papel relevante en los resultados de la psicoterapia, aunque no sustituyen a las técnicas específicas de cada tratamiento.
Por eso, más que buscar cuál es la terapia perfecta, puede ser más útil encontrar una profesional que pueda comprender qué está ocurriendo, explicaros cómo propone trabajarlo y adaptar el proceso a vuestras necesidades.
En Psicología Benlliure entendemos la terapia precisamente desde esta perspectiva. No buscamos encajar a cada paciente en una terapia determinada, sino construir un proceso que tenga sentido para ella, combinando diferentes herramientas psicológicas cuando sea necesario y manteniendo siempre una dirección clara.
Al final, la orientación es una parte del proceso. Lo importante es que la terapia tenga sentido para ti y te ayude a construir cambios que puedas llevar contigo fuera de la consulta.
Referencias científicas
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