Cuando buscamos una psicóloga, es bastante habitual encontrarnos con diferentes orientaciones terapéuticas: terapia cognitivo-conductual, humanista, sistémica, psicodinámica, terapias de tercera generación… Y entonces puede aparecer una pregunta bastante lógica: ¿cuál necesito yo?
La respuesta no siempre es sencilla, porque aunque las diferentes orientaciones psicológicas tienen modelos, técnicas y formas distintas de entender el, una persona no es únicamente su diagnóstico, sus síntomas o aquello que le está ocurriendo en este momento. Aquí es donde aparece la terapia integradora.
La psicoterapia integrativa busca combinar conocimientos, modelos y técnicas de diferentes enfoques psicológicos de una manera coherente, teniendo en cuenta las necesidades y características de cada persona. La integración psicoterapéutica es, de hecho, un campo consolidado dentro de la psicoterapia y puede adoptar diferentes formas, desde la integración de teorías hasta la selección de intervenciones concretas según el problema y el momento del tratamiento.
Pero integrar no significa hacer un poco de todo, significa preguntarnos qué puede ser útil para esta persona, en este momento y para este objetivo.
¿Qué es exactamente la terapia integradora?
La terapia integradora es un enfoque de psicoterapia que reúne aportaciones de diferentes modelos psicológicos para construir un tratamiento adaptado a cada paciente.
En lugar de partir de la idea de que todas las personas deben trabajar de la misma manera, la terapia integradora intenta comprender qué está ocurriendo, qué factores están manteniendo el problema y qué herramientas pueden ayudar a producir un cambio.
La Asociación Americana de Psicología (APA) distingue diferentes vías dentro de la integración psicoterapéutica. Algunas buscan combinar teorías psicológicas; otras seleccionan técnicas de diferentes orientaciones en función de las necesidades de la persona; y otras parten de un modelo principal e incorporan elementos de otros enfoques cuando pueden resultar útiles.
Por eso, cuando hablamos de una psicóloga integrativa, no estamos hablando simplemente de una profesional que conoce muchas técnicas. Hablamos de una forma de entender la psicoterapia en la que existe una intención de adaptar el proceso a la persona y utilizar las intervenciones de manera fundamentada y coherente.
¿Por qué no todas necesitamos exactamente la misma terapia?
Imagina que dos personas llegan a consulta diciendo exactamente lo mismo: “tengo mucha ansiedad”. Puede que una lleve meses evitando situaciones sociales por miedo a ser juzgada. Otra puede estar atravesando una separación y tener dificultades para gestionar la incertidumbre. Otra puede encontrarse agotada por una situación laboral que no sabe cómo afrontar. Y otra puede llevar años sintiendo que nunca es suficiente. La palabra “ansiedad” es la misma, pero la historia que hay detrás puede ser completamente diferente. Por eso, una terapia psicológica no debería consistir únicamente en identificar un síntoma y aplicar automáticamente una técnica.
La investigación sobre integración psicoterapéutica pone precisamente el foco en adaptar el tratamiento a diferentes características de la persona, como sus necesidades, preferencias, contexto, estilo de afrontamiento o momento de cambio, además de tener en cuenta el problema que presenta. Esto no significa que las técnicas dejen de ser importantes. Al contrario: significa que intentamos utilizarlas con un propósito.
La terapia integradora no significa “mezclar técnicas sin criterio”
Este es uno de los malentendidos más habituales: Podríamos pensar que una terapia integradora consiste en utilizar hoy una técnica de TCC, mañana una técnica humanista y pasado mañana otra de una orientación diferente. Pero integrar no es acumular herramientas.
Una buena integración necesita un marco que permita comprender qué está ocurriendo y por qué se utiliza una determinada intervención. La literatura sobre integración diferencia precisamente entre tomar técnicas de diferentes modelos de manera ecléctica y construir una intervención en la que exista una relación coherente entre teoría, técnica y proceso terapéutico.
Por eso, antes de preguntarnos “¿qué técnica vamos a utilizar?”, tiene sentido preguntarnos “¿qué necesita esta paciente y qué queremos conseguir con esta intervención?”.
Entonces, ¿qué significa que una terapia sea “a medida”?
No significa que vayamos improvisando sesión a sesión. Significa que existe un plan terapéutico, pero que ese plan puede ajustarse a medida que conocemos mejor a la paciente. En terapia podemos tener unos objetivos iniciales y revisarlos con el tiempo. Podemos observar qué está funcionando, qué necesita modificarse y qué aspectos siguen siendo importantes. La idea no es encajar a cada paciente dentro de una terapia determinada, sino construir un proceso que tenga sentido para ella.
Y quizá esa sea una de las razones por las que la terapia integradora resulta especialmente interesante: porque nos permite mantener una estructura y una base científica sin olvidar que delante tenemos a una persona concreta, con una historia concreta y unas necesidades que pueden cambiar.
¿Cuándo puede ser útil acudir a terapia?
No necesitas esperar a encontrarte al límite para empezar un proceso psicológico. Puedes acudir a terapia porque llevas tiempo sintiéndote mal, porque una situación concreta te está desbordando, porque estás repitiendo patrones que no entiendes, porque tus relaciones están generando sufrimiento o porque quieres conocerte mejor y aprender nuevas formas de afrontar determinadas situaciones.
En Psicología Benlliure entendemos la terapia como un espacio para poder comprender qué está ocurriendo, establecer objetivos y trabajar hacia ellos de una manera adaptada a cada paciente. La terapia debe adaptarse a la persona, y no la persona a la terapia.

Referencias científicas
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