El Impacto de las Redes Sociales en nuestra autoestima

Las redes sociales forman parte de nuestra vida cotidiana. Nos permiten mantener el contacto con otras personas, descubrir contenido, informarnos, compartir lo que hacemos y encontrar comunidades con las que sentirnos identificados. Por eso, hablar de su impacto psicológico no significa decir que las redes sociales sean buenas o malas. La cuestión está en cómo las utilizamos, qué contenido consumimos y qué efecto tiene ese contenido sobre nosotros.

Y es que, aunque muchas veces abrimos Instagram, TikTok o cualquier otra red simplemente para distraernos un rato, podemos terminar comparándonos, cuestionando nuestra apariencia, sintiendo que nuestra vida no es suficiente o necesitando comprobar constantemente qué están haciendo los demás. La investigación actual apunta precisamente a que la relación entre redes sociales y autoestima es compleja y muy diferente de una persona a otra.

Compararnos con los demás

Uno de los mecanismos que más puede afectar a nuestra autoestima es la comparación social. En redes solemos encontrarnos con imágenes cuidadosamente seleccionadas: viajes, cuerpos, relaciones, casas, trabajos, planes o momentos felices. El problema aparece cuando comparamos nuestra vida completa con una pequeña parte de la vida de otra persona.

Esta comparación puede hacer que aparezcan pensamientos como “yo debería estar haciendo lo mismo”, “no soy tan guapa”, “mi vida es aburrida” o “no estoy consiguiendo suficiente”. La investigación encuentra una relación especialmente clara entre la comparación relacionada con la apariencia en redes, las preocupaciones por la imagen corporal y determinados síntomas de conducta alimentaria.

Sentir que nunca somos suficientes

Las redes pueden convertir nuestra vida cotidiana en una especie de escaparate permanente. Podemos empezar a medir nuestro valor a través de los seguidores, los “me gusta”, los comentarios o la sensación de estar quedándonos atrás respecto a los demás.

Esto no significa que cada “like” vaya a determinar nuestra autoestima, pero sí merece la pena observar qué ocurre cuando empezamos a necesitar la aprobación externa para sentirnos bien con nosotros mismos. La autoestima se construye a partir de una relación mucho más amplia con nosotros mismos que la opinión que recibimos en una pantalla.

Filtros, edición y relación con nuestra imagen

Las redes sociales también han cambiado la forma en la que vemos nuestro propio cuerpo y nuestro rostro. Filtros, retoques, poses, iluminación y selección de fotografías pueden hacer que terminemos comparando nuestra apariencia cotidiana con imágenes que han sido modificadas o cuidadosamente construidas.

La exposición frecuente a ideales de apariencia en redes se ha relacionado con una peor imagen corporal, especialmente cuando existe una tendencia elevada a compararnos con esos ideales.

Y aquí puede aparecer un círculo complicado: veo una imagen, me comparo, encuentro algo de mí que no me gusta, empiezo a prestarle más atención y vuelvo a buscar contenido relacionado con aquello que me preocupa. Poco a poco, nuestra mirada hacia nosotros mismos puede volverse cada vez más crítica.

No todo lo que vemos nos afecta de la misma manera

También es importante recordar que no todas las redes sociales ni todos los contenidos tienen el mismo impacto. Una cuenta que nos hace sentir acompañados no genera lo mismo que una cuenta que despierta constantemente comparación, inseguridad o presión.

Por eso, más que preguntarnos únicamente “¿cuánto tiempo paso en redes?”, puede ser más útil preguntarnos “¿cómo me siento después de estar en redes?”. Si después de utilizarlas nos sentimos inspirados, conectados o entretenidos, probablemente la experiencia sea diferente a cuando salimos de ellas sintiéndonos insuficientes, ansiosos o insatisfechos con nuestra vida.

¿Cómo podemos utilizar las redes de una forma más saludable?

El objetivo no tiene por qué ser eliminar las redes sociales. En algunos casos puede ser útil reducir su uso, pero también podemos empezar revisando a quién seguimos y qué contenido estamos consumiendo. Dejar de seguir cuentas que nos generan comparación constante y buscar referentes más diversos y realistas puede cambiar mucho nuestra experiencia.

También podemos prestar atención a cuándo utilizamos las redes. Si recurrimos a ellas automáticamente cada vez que estamos aburridos, incómodos o queremos dejar de pensar, quizá merezca la pena preguntarnos qué estamos intentando evitar y qué otras actividades podrían ocupar ese espacio.

Y, sobre todo, podemos aprender a separar nuestra vida de lo que vemos en una pantalla. Que otra persona tenga una vida determinada no significa que nosotros estemos llegando tarde a la nuestra.

Si notas que las redes sociales están afectando a tu autoestima, a tu relación con tu cuerpo o a la forma en la que valoras tu propia vida, trabajarlo en terapia puede ayudarte a entender qué hay detrás de esas comparaciones y a construir una relación contigo misma que dependa cada vez menos de la mirada externa.

Referencias científicas

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